viernes, 24 de marzo de 2017

Los sentimientos… laborales

Ante una severa carga emocional, hay que saber sacar provecho a nuestras descargas

Muchas veces deseamos que los empleados en una empresa fueran como las máquinas: que trabajaran sin parar (o al menos, hasta que se lo ordenemos), que no fallaran… y, sobre todo, que no se quejaran; sin embargo, el hecho de ser un “humano” complica esta cuestión. En ocasiones vemos a un empleado desanimado, decaído, melancólico… “apretado”. En otras ocasiones, muy contadas, sorprendemos llorando a los empleados.

Profesionalmente hablando, las lágrimas no son muy bien vistas en un trabajador, sin importar si es hombre o mujer. Estas lágrimas mal manejadas simbolizan debilidad… incluso, inmadurez. Pero, ¿nos detenemos a preguntarnos qué es lo que pasa con estos empleados… o por qué no, compañeros?
Elizabeth Bailey Wolf, investigadora de la Escuela de Administración de Empresas de Harvard, encontró un aspecto sumamente favorable para estas lágrimas incontenibles en el trabajo. A todos nos molesta que seamos reprendidos… incluso, llegar a escuchar gritos de un jefe con métodos que calificamos como “poco ortodoxos” o “demasiado arcaicos”. Si estas lágrimas pueden ser atribuidas a un compromiso emocional con el trabajo, estos sentimientos a flor de piel se vuelven benéficos para el ambiente laboral. Lloramos por estar a la altura de nuestro trabajo… no para protestar de éste.

El estudio de la investigadora demuestra que los trabajadores que llegan a tener estos episodios de extrema frustración y atribuyen sus lágrimas a un compromiso laboral con su trabajo, lograban ser calificados como más competentes que los que lloran por otras razones. En un sondeo realizado a 13 mil personas, el 10% informó que usó el baño como refugio de estos sentimientos. En otra encuesta (aplicada en esta misma investigación) realizada a 700 personas, el 41% de las mujeres y el 9% de los hombres reconocieron haber llorado en el trabajo.


Es evidente que el ser humano, aunque se encuentre en el ámbito laboral, no puede deshacerse de sus emociones y de su arduo deseo de llevar un buen nivel de desempeño. La inteligencia emocional juega un papel importante en los escenarios laborales. Esta es una prueba más de que una crisis emocional puede perfectamente convivir con el ambiente laboral cotidiano. 

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